jueves, 7 de mayo de 2009

esclavos de los Tuareg


A las puertas del desierto, en Tombouctou y en pleno siglo XXI, todavía hay esclavos. El pueblo Bellah sigue sirviendo a los tuareg en régimen de esclavitud. Lucen bajo sus ojos unos profundos cortes que les delatan como siervos del pueblo bereber. Aunque muchos de ellos han sido liberados y sobreviven en condiciones precarias en Segou, a las orillas del río Bani, se calcula que todavía hay más de 300 mil esclavos bellah en los desiertos de Argelia, Níger, Libia y sobre todo en Malí. La condición de esclavo pasa de padres a hijos. Ni siquiera les pertenece el término que los define bellah(esclavos), que es de origen bereber.


Pero los esclavos preferidos de los tuareg son los albinos, a los que explotan para hacer las tareas más duras y costosas. La situación de los albinos en África es tremendamente contradictoria: son rechazados por su color de piel pero al tiempo sus miembros son muy codiciados para elaborar pócimas o servir como amuleto para ahuyentar a los malos espíritus. En algunos tuareg todavía conviven costumbres islámicas con ritos animistas: en cuanto los albinos no les resultan útiles los matan o mutilan y venden sus miembros.

Bellah, esclavos de los tuareg, por Iván Benítez.

A pesar de ser tratados como esclavos, los bellah hacen padecer a su vez a sus mujeres otro tipo de esclavitud peor si cabe y muy común no sólo en Malí, sino en casi toda África subsahariana, especialmente en el Sahel: punzan varias veces el perfil de sus labios para que la sangre coagulada forme una mancha alrededor de su boca que las identifique como "mujeres con amo"; los padres casan a sus hijas con ancianos que a su vez tienen ya otras esposas; el 90% sufre la mutilación de sus genitales, expuestas a infecciones y en muchos casos a una muerte segura.

Parece que las ONGs no pueden hacer nada contra esta "costumbre" ancestral.

El gobierno maliense tampoco lo prohíbe.