A las puertas del desierto, en Tombouctou y en pleno siglo XXI, todavía hay esclavos. El pueblo Bellah sigue sirviendo a los tuareg en régimen de esclavitud. Lucen bajo sus ojos unos profundos cortes que les delatan como siervos del pueblo bereber. Aunque muchos de ellos han sido liberados y sobreviven en condiciones precarias en Segou, a las orillas del río Bani, se calcula que todavía hay más de 300 mil esclavos bellah en los desiertos de Argelia, Níger, Libia y sobre todo en Malí. La condición de esclavo pasa de padres a hijos. Ni siquiera les pertenece el término que los define bellah(esclavos), que es de origen bereber.

Pero los esclavos preferidos de los tuareg son los albinos, a los que explotan para hacer las tareas más duras y costosas. La situación de los albinos en África es tremendamente contradictoria: son rechazados por su color de piel pero al tiempo sus miembros son muy codiciados para elaborar pócimas o servir como amuleto para ahuyentar a los malos espíritus. En algunos tuareg todavía conviven costumbres islámicas con ritos animistas: en cuanto los albinos no les resultan útiles los matan o mutilan y venden sus miembros.
Bellah, esclavos de los tuareg, por Iván Benítez.A pesar de ser tratados como esclavos, los bellah hacen padecer a su vez a sus mujeres otro tipo de esclavitud peor si cabe y muy común no sólo en Malí, sino en casi toda África subsahariana, especialmente en el Sahel: punzan varias veces el perfil de sus labios para que la sangre coagulada forme una mancha alrededor de su boca que las identifique como "mujeres con amo"; los padres casan a sus hijas con ancianos que a su vez tienen ya otras esposas; el 90% sufre la mutilación de sus genitales, expuestas a infecciones y en muchos casos a una muerte segura.
Parece que las ONGs no pueden hacer nada contra esta "costumbre" ancestral.
El gobierno maliense tampoco lo prohíbe.
Parece que las ONGs no pueden hacer nada contra esta "costumbre" ancestral.
El gobierno maliense tampoco lo prohíbe.


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