sábado, 17 de abril de 2010

En el desierto no hay atascos

Hablamos hace tiempo de Los niños del desierto, un libro testimonio de Moussa e Ibrahim Ag Assarid, dos de los trece hermanos de una familia tuareg que vivía en el desierto de Mali dedicada al pastoreo.

Ahora hago referencia a la peripecia vital de Moussa en Francia, a donde se dirigió para cursar estudios universitarios tras cursar secundaria en Bamako. Sus impresiones sobre el nuevo mundo que se encuentra se cuentan en En el desierto no hay atascos, editado por Sirpus, en el que el autor describe su fascinación y perplejidad ante el mundo occidental que va descubriendo. "Los comentarios y las anécdotas, como la cama del hotel tan grande que podrían dormir en ella todos los niños de su jaima, el milagro del agua que sale de los grifos o la magia de las escaleras mecánicas, son divertidos y enternecedores, además de lúcidos, sin ocultar a veces la decepción frente a cosas como las prisas, la falta de atención a lo que nos rodea o la pérdida del sentido de trascendencia".

Tras esta experiencia Moussa vuelve a Malí y es entonces cuando, con su hermano Ibrahim, funda una escuela para los niños del desierto (narrado en Los niños del desierto), conscientes de que la educación es vital para el progreso.

Muy recomendable.